La ciencia en crisis: mientras celebramos descubrimientos, despiden investigadores
En medio del furor por la transmisión en vivo de una expedición del CONICET, que capturó la atención de miles de argentinos y argentinas con imágenes del fondo marítimo, hay una realidad que duele: entre diciembre de 2023 y junio de 2025, el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SNCTI) perdió 4.040 empleos.
Esta cifra representa una caída del 7,2 % en organismos públicos y llega al 12 % en empresas estatales. El propio CONICET, el motor de la investigación nacional, redujo 1.085 empleos, entre cargos de personal y becas.
Es evidente que mientras la sociedad se maravilla con el trabajo científico, los investigadores e investigadoras que lo hacen posible enfrentan un vaciamiento profundo. Y esta crisis tiene consecuencias: líneas de investigación paralizadas, jóvenes becarios/as que pierden su beca y generaciones de científicos/as que ven interrumpido su desarrollo profesional.
¿Por qué importan los científicos y las universidades públicas?
Las universidades públicas no son solo espacios de formación: son centros de innovación, investigación aplicada y transformación social. La ciencia es la universidad; y cuando se desfinancia, se pone en riesgo su rol democrático y su capacidad para responder a las necesidades del país.
El progreso científico no sucede solo en laboratorios: tiene impacto real en la salud, el ambiente, la producción y la justicia social. Las universidades públicas, con su docencia gratuita y al servicio de toda la comunidad, son el núcleo desde donde emerge esa transformación.
Reivindicar el rol de la ciencia y la universidad pública no es un reclamo menor: es una exigencia de justicia social y memoria institucional. La falta de diálogo, la reducción salarial, el vaciamiento presupuestario son síntomas de una política que no reconoce el valor estratégico del conocimiento.
Desde ADIUVIM no queremos que la ciencia sea un espectáculo para las redes mientras quienes la construyen pierden su sustento. Exigimos paritarias activas, financiamiento estructural para investigación, reincorporaciones de personal científico y la ley de financiamiento universitario ya aprobada, para detener este desguace del sistema que moldea nuestro futuro.
Podemos maravillarnos con pulpos de cristal y transmisiones en vivo, pero si no protegemos a quienes hacen ese conocimiento posible, la maravilla se convierte en ficción. Esta crisis evidencia que la ciencia no funciona sin sus investigadores/as, y la universidad pública no sobrevive sin inversión.
La comunidad universitaria entera quiere transparencia, salarios dignos, continuidad en las becas, estructuras que no se destruyan con cada ajuste. Y exigimos que el Estado reconozca que invertir en ciencia es invertir en soberanía nacional.
